En la Conferencia Internacional de Habilidades ("Future Skills Sphere – International Conference”) que se desarrolló en Atenas, quedó reconocido el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) en el mercado laboral. “Hace unos cuantos años, el trabajo de un almacenero consistía simplemente en recoger productos de un almacén y llevarlos de un lugar a otro. Hoy esta profesión exige conocer programas y sistemas de gestión de almacenes y entrenar herramientas para que realicen el 'picking' (selección de mercadería). Esto demuestra claramente que las profesiones están cambiando”, expuso Spyros Troumpetas, responsable de Programas Educativos y de Formación de la Fundación Eugenidio.
La organización griega que encabeza se dedica a estudiar el futuro de las competencias, la formación y el aprendizaje. En ese sentido, los análisis indican que las nuevas tecnologías mejoran no solo las condiciones laborales, sino también la remuneración de las profesiones técnicas. En varios países, como Bélgica, los salarios de plomeros y electricistas son ya comparables a los de profesiones universitarias tradicionales, como la de los médicos.
¿Porqué sucede?
La clave de este fenómeno se resume en tres factores: la escasez extrema de mano de obra cualificada, el modelo de trabajo (autónomo vs. asalariado) y el sistema de salud de cada país. "Entiendo la preocupación y el escepticismo", declaró a "Euronews" Sara Ratner, responsable del Observatorio de Inteligencia Artificial en la Educación de la Universidad de Oxford, que también participó en la conferencia internacional.
A pesar de los cambios, el mundo académico insiste en que el papel de las universidades sigue siendo crucial: "Incluso cuando usamos herramientas de Inteligencia Artificial, siempre debemos tener la capacidad de comprender la respuesta, de formular la pregunta adecuada y de saber cuándo podemos y cuándo no podemos recurrir a ella. Eso puede resultar bastante problemático, puede incluso traducirse en una menor productividad", subraya Stefanos Tyros, investigador sobre el futuro del trabajo en la Universidad de Innsbruck (Austria).
En comparación
En Europa occidental (países como Alemania, Países Bajos, Reino Unido o España), faltan millones de trabajadores técnicos. La juventud ha priorizado las carreras universitarias de oficina, dejando los oficios manuales desiertos.
Un plomero autónomo consolidado cobra entre €40 y €70 por hora de mano de obra en España, y supera los €80 o €100 por hora en Alemania o Países Bajos. Un fontanero independiente con una buena cartera de clientes puede facturar entre €4.000 y €6.000 netos al mes, superando los ingresos de muchos médicos generalistas en el sistema público de salud de varios países europeos.
En todo el mundo el pensamiento es que los médicos son ricos, pero en Europa la situación varía enormemente según el país y la especialidad. En países como España o Italia, un médico de atención primaria o un especialista joven en el sector público suele ganar entre €2.500 y €3.500 netos al mes. En el norte de Europa (Alemania, Reino Unido, Países Bajos), los salarios médicos son considerablemente más altos (€6.000 a €10.000 más brutos al mes), pero la altísima carga impositiva (que a veces roza el 45% o 50%) encasilla los ingresos netos.
La falta de relevo generacional, principalmente, ha convertido a los trabajadores de los oficios tradicionales en los nuevos cotizados del mercado laboral europeo.